Por: Víctor Manuel Reyes Ferriz

| 07 DE JULIO DE 2026 | ¿Obedecer o cuestionar? |
A punto de concluir el ciclo escolar en México, millones de estudiantes recibirán un documento que certifica su tránsito al siguiente nivel educativo, mientras el calendario oficial marca el cierre de actividades el 15 de julio; sin embargo, la pregunta que debería incomodar no es cuántos aprobaron, sino qué es exactamente lo que aprendieron, porque existe una diferencia sustancial entre concluir un grado escolar y haber desarrollado pensamiento crítico, capacidad de análisis o verdadera comprensión del entorno que habitan.
Históricamente, el sistema educativo mexicano ha operado bajo una lógica estructural que prioriza la obediencia sobre la duda, la repetición sobre la reflexión y la respuesta correcta sobre la pregunta incómoda; empero, esta arquitectura no es accidental en sus efectos, porque un modelo que desincentiva el cuestionamiento produce, como consecuencia natural, ciudadanos más acostumbrados a ejecutar instrucciones que a interrogar las razones detrás de ellas, y en ese tránsito se va diluyendo algo esencial: la curiosidad intelectual.
El problema no se reduce a lo pedagógico, sino que se extiende a lo cultural y político, porque cuando un sistema educativo deja de premiar la pregunta y comienza a premiar exclusivamente la respuesta, se configura una sociedad que aprende a adaptarse al orden existente en lugar de cuestionar sus fundamentos, sin que ello implique atribuir intenciones homogéneas a todos los actores institucionales, pero sí reconocer que los efectos acumulados terminan por consolidar un entorno donde el pensamiento crítico deja de ser estructura y se convierte en excepción.
Sobre la discusión del financiamiento y las tensiones entre autoridades educativas y organizaciones sindicales, han quedado registradas negociaciones donde se han documentado transferencias de recursos públicos por montos estratosféricos para la desactivación de conflictos; empero, conviene preguntarse si esos 800 millones de pesos compraron mejores estudiantes… o si únicamente financiaron un Centro Histórico más silencioso para la foto política.
Más allá del debate inmediato, la cuestión de fondo permanece intacta: en qué medida estos recursos se traducen en mejora real del aprendizaje, fortalecimiento del pensamiento crítico o desarrollo de habilidades cognitivas, o si únicamente operan como mecanismos de contención política que desplazan la discusión central sobre la calidad educativa.
Desde esa perspectiva, la incomodidad no proviene del gasto en sí mismo, sino de la ausencia de resultados proporcionales, porque mientras el sistema se mantiene en dinámicas de negociación recurrente, los indicadores educativos continúan evidenciando rezagos en comprensión lectora, razonamiento matemático y capacidad de análisis, lo que sugiere que el problema no es únicamente de recursos, sino de modelo estructural.
Comparativamente, el análisis internacional abre una discusión inevitable sobre los distintos resultados que producen sistemas educativos con lógicas pedagógicas divergentes; Chile y Finlandia han sido referentes históricos en ciertos indicadores, mientras Japón ha comenzado a destacar no tanto por la sofisticación teórica de su currículo, sino por los efectos visibles de su formación cultural en el comportamiento social.
Japón presenta una relación particularmente compleja entre educación y estructura social, porque la formación trasciende el aula y se convierte en una extensión del orden colectivo, donde la responsabilidad, el respeto por el espacio público y la disciplina individual se integran como práctica cotidiana, empero, esta misma estructura genera una dualidad innegable, ya que junto a comportamientos altamente cívicos también emergen tensiones profundas en la subjetividad social.
La manifestación del hikikomori representa una de las expresiones más evidentes de esa tensión, al describir a jóvenes que se aíslan durante periodos prolongados, retirándose de la vida social, académica o laboral como respuesta a presiones que perciben como inalcanzables o asfixiantes, fenómeno que no puede reducirse a lo clínico individual, sino que refleja exigencias culturales de rendimiento, expectativas sociales elevadas y costos emocionales asociados a un sistema de alta exigencia.
En paralelo, la proyección de estos valores fuera del país muestra cómo ciertas estructuras educativas pueden trascender fronteras institucionales, cuando empresas japonesas operan en otros contextos manteniendo estándares de disciplina, organización y respeto por procesos que contrastan con entornos donde dichas prácticas no son predominantes, lo que evidencia una continuidad cultural formada durante décadas de aprendizaje social integrado.
Planteado así, el contraste con México no busca idealizar ni descalificar modelos, sino evidenciar que estructuras educativas distintas generan resultados sociales distintos, y es en esa diferencia donde se hacen visibles patrones de responsabilidad colectiva, apropiación del espacio público y relación con la norma que también derivan de lo que se aprende, o se deja de aprender, en la infancia.
Tratándose de la formación del individuo, la discusión no puede limitarse exclusivamente a la escuela, porque intervienen simultáneamente el sistema educativo, el profesorado y el entorno familiar, de manera que la pregunta no es si la escuela puede asumir toda la carga formativa, sino qué ocurre cuando la curiosidad intelectual se estimula en casa pero se inhibe en el aula, o viceversa, generando siempre una construcción incompleta del pensamiento.
Naturalmente, el núcleo del problema radica en la normalización de una educación orientada a la obediencia, donde cuestionar puede interpretarse como desafío a la autoridad, cuando en realidad constituye el eje del proceso formativo, porque un estudiante que no pregunta no necesariamente aprende, sino que se adapta a un esquema de repetición que limita su capacidad analítica.
“Durante décadas, el sistema educativo mexicano enseñó que hacer muchas preguntas era sinónimo de indisciplina. Justo cuando la humanidad desarrolla la herramienta más poderosa basada en preguntas, descubrimos que educamos generaciones enteras para responder… pero no para preguntar.”
Intentando situar el debate en el presente, la urgencia no radica únicamente en reformar contenidos, sino en redefinir el propósito mismo de la educación frente a un entorno donde la inteligencia artificial ya forma parte del aprendizaje cotidiano, pues ignorar esta transformación no elimina su impacto, únicamente amplía la brecha entre quienes desarrollan pensamiento crítico y quienes dependen de estructuras rígidas de instrucción.
Un escenario contemporáneo deja claro que la Inteligencia Artificial no premia a quien más memoriza; premia a quien mejor piensa, y es que cada respuesta generada depende de la calidad de las preguntas formuladas, por ello el desafío ya no consiste en enseñar a encontrar información, sino en formar la capacidad de comprenderla, cuestionarla y, cuando sea necesario, refutarla.
Finalmente, si la educación continúa formando generaciones incapaces de cuestionar con rigor, de contrastar información con criterio propio y de construir pensamiento autónomo en un entorno saturado de datos, entonces la verdadera pregunta no es si el sistema educativo está cambiando, sino si la sociedad está dispuesta a aceptar las consecuencias de no haberlo hecho a tiempo, ¿o seguiremos formando ciudadanos para obedecer un mundo que ya dejó de funcionar bajo la lógica de la obediencia?
DATO CULTURAL.
Un día como hoy en 1520 en Otumba, México, tras la huída de Tenochtitlán por parte de las tropas españolas en lo que se conoce como la “Noche triste”, son atacadas nuevamente por huestes mexicas al mando del tlatoani Cuitláhuac en la conocida “Batalla de Otumba”, en la cual, salieron triunfantes los del viejo continente y será una batalla decisiva para la conquista española; en 2007 en Lisboa, Portugal, fueron presentados los resultados del concurso internacional mediante el cual, el público elegiría las “7 maravillas del mundo moderno”, siendo las ganadoras “Chichen Itzá” en México, “Coliseo Romano” en Italia, “Cristo Redentor” en Brasil, “Gran Muralla” en China, “Machu Picchu” en Perú, “Petra” en Jordania y “Taj Mahal” en India; en 2009 en Los Angeles, Estados Unidos, el Staples Center se convierte en el recinto para albergar un homenaje póstumo al “Rey del Pop”, Michael Jackson, que congrega a más de 2,500 millones de televidentes en todo el mundo; dicho concierto contó con la participación de grandes personalidades entre las que destacaron Lionel Richie, Stevie Wonder, Kobe Bryant y Magic Johnson.
Espero tus comentarios en el correo vmrf@aperturaintelectual.com y recuerda que, en este espacio, las críticas no sólo son bienvenidas, SON NECESARIAS.
Sígueme en mis redes:
Sigue Apertura Intelectual en todas nuestras redes:
Te invitamos a que califiques esta información.
ENTRADAS RELACIONADAS
Descubre más desde Apertura Intelectual
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
