Bernal Díaz de Castillo

Por: Francisco Javier Estrada

         ¿Queremos saber quién es ejemplo de Cronista? Hay que leer a fondo a Bernal Díaz de Castillo. Cuenta Sergio Gaspar Mondragón en el prólogo a Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España, reimpresa en 2024, dice: “El año siguiente volvió a viajar al continente, ahora a las órdenes de Juan de Grijalva, y en 1519 por fin exploró con mayor detenimiento las nuevas tierras comandado por Hernán Cortés. Tras ordenas este “dar con los navíos al través”, es decir, que los barrenaran hasta hundirlos, y adentrarse en territorio azteca. El destino del tlatoani mexica estaba decidido. Dos años duró la cruenta guerra entre invasores e indígenas allegados a Moctezuma, pero al fin la urbe mexica fue invadida y con ello se derrumbó uno de los mayores imperios prehispánicos del continente americano”.

El hombre que refiere su presente, estas son palabras de un texto que es clásico de las letras históricas y de crónica de aquella época que funda nuevas culturas en América. Dice: “Capítulo II / Cómo descubrimos la provincia de Yucatán / En ocho días del mes de febrero del año de mil y quinientos y diez y siete salimos de La Habana, donde viven unos indios como salvajes. Y doblada aquella punta y puestos en alta mar, navegamos a nuestra ventura hacia donde se pone el sol. Cuando nos acercábamos junto a tierra vinos venir diez canoas muy grandes que se dicen piraguas, llenas de indios naturales de aquella poblazón.

Y venían estos indios vestidos con camisetas de algodón como jaquetas, y cubiertas sus vergüenzas con unas mantas angostas, y tuvímoslos por hombres de más razón que a los indios de Cuba, porque andaban los de Cuba con las vergüenzas de fuera, eceto las mujeres. Los indios estaban diciendo en su lengua: “Cones cotoche, cones cotoche”, que quiere decir: “Andale acá a mis casas”. Por esa causa pusimos por nombre aquella tierra Punta de Cotoche. Entonces comenzó a dar voces el cacique para que saliesen a nosotros unos escuadrones de indios de guerra. En aquellas escaramuzas prendimos dos indios, que después que se bautizaron, se llamó el uno Julián y el otro Melchior, y entrambos eran trastabados de los ojos. Y lo que más pasó adelante lo diré…”.

Qué lección más clara de lo que debe ser el Cronista, sino es aquel personaje, mujer u hombre que relata con minuciosidad los hechos de su tiempo. Si el cronista que se refiere constantemente a la historia tiene esa tarea de sabiduría del pasado para relatar su presente. El Cronista que más vale es el que enfrenta su presente con valor y con verdad.

Múltiples ejemplos de este clásico de la crónica humana, cito otras palabras de Bernal Díaz del Castillo: “Capítulo XIII / Cómo llegamos aquella isleta que agora se llama San Juan de Ulúa, e a qué causa se le puso aquel nombre, y lo que allí pasamos / Desembarcamos en unos arenales, hallamos una casa de adoratorios, donde estaba un ídolo muy grande y feo, el cual le llamamos Tescatepuca. Y tenían sacrificados de aquel día dos muchachos, y abiertos por los pechos y los corazones, y sangre ofrecida aquel maldito ídolo. Y el general preguntó a un indio, que después de bautizarse se nombró Francisco, que por qué hacían aquello, y respondió que los de Ulúa los mandaban sacrificar y como era torpe de lengua, decía: “Ulúa, Ulúa”, y como nuestro capitán estaba presente y se llamaba Juan y era por eso San Juan de Ulúa.

Fue acordado dado que lo enviásemos a hacer saber al Diego Velázquez que nos enviasen socorro, porque Juan de Grijalva muy gran voluntad tenía de poblar con aquellos pocos soldados que con él estábamos. Pues para hacer aquella embajada acordamos que fuese el capitán Pedro de Alvarado, y también se concertó que llevase todo el oro que se había rescatado, y ropa de mantas y los dolientes y los capitanes escribieron al Diego Velázquez cada uno lo que les pareció. Agora diré como el Diego Velázquez envió en nuestra busca”.

Las palabras escritas hace quinientos años por un personaje que es de leyenda, reconociéndose él como sabedor de poco latín, comprueba que más que ser escritor de abolengo vale más la pena relatar lo que se ve y se estudia con sinceridad. Sin acciones de presumir lo descubierto como lo más grande que se halla hecho en las letras o la literatura.

Libro de muchos capítulos, todos siendo prueba de ese tiempo de heroicidad, conquista, masacres y salvajes esclavitudes que diezmaron las poblaciones indígenas desde el río Bravo hasta la Patagonia. La lectura de Fray Bartolomé de las Casas es suficiente para saber cuánta crueldad por parte de españoles y sus aliados indígenas sufrieron los dueños originarios de estos territorios tan extensos y mucho más grandes en extensión que la Europa de la que venían los imperialistas españoles.

En el capítulo CLV, dice Bernal Díaz del Castillo: “Cómo Gonzalo entró con los doce bergantines a la parte que estaba Guatémuz y le prendió, y lo que sobre ello pasó / Cortés mandó a Gonzalo de Sandoval que entrase con bergantines en el sitio de la ciudad donde estaba retraído Guatémuz con toda la flor de sus capitanes y personas más nobles que en México había, y le mandó que no matase ni hiriese a ningunos indios, salvo si no le diesen guerra, e, aunque se la diesen, que solamente se defendiese y no les hiciese otro mal. Y que les derrocase las casas y muchas barbacanas que habían hecho en la laguna. Y Cortés se subió en el cu mayor del Tlatelulco para ver como Sandoval entraba con los bergantines. Y como el Sandoval entró con gran furia con los bergantines en aquel paraje donde estaban las casas del Guatémuz, y desque se vio cercado el Guatémuz tuvo temor n o lo prendiesen o matasen, y tenía aparejadas cincuenta grandes piraguas con buenos remeros para que, em viéndose en aprieto, salvarse e irse a esconderse en otros pueblos.

Y como vieron que les entraban entre las casas, se embarca en las cincuenta canoas, e ya tenían metido su hacienda y oro y joyas y toda su familia e mujeres. Y se mete en ellas y tira por la laguna adelante, acompañado de muchos capitanes y como en aquel instante iban otras muchas canoas, llena la laguna de ellas, y Sandoval luego tuvo noticia que Guatémuz iba huyendo, mandó a todos los bergantines que dejasen de derrocar casas y barbacoas y siguiesen el alcance de las canoas e mirasen a qué parte iba el Guatémuz, e que no le ofendiese ni le hicieren enojo alguno ninguno, sino que buenamente le procurasen de prender”.

Texto clásico de gran valor para saber lo que sucedió hace más de quinientos años en Mesoamérica, donde se ha de fundar la capital más impresionante de la Nueva España por toda la América. Leer a los Cronistas es ir en busca de la verdad, de ese momento que el estudioso de historia sabiendo que debe relatar su presente, no puede huir a tal tarea, a riesgo de ser sólo un ideólogo al servicio del poder político o económico. Nunca el Cronista debe ser alabador de tales.   

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