Por: Thelma Morales García

Llegó a nuestro país para estudiar español, todo México le parecía lleno de riqueza cultural, pero al probar nuestros platillos típicos a los que no estaba acostumbrada por la sazón tan condimentada y picante, se enfermó y tuvieron que llamar a un médico, ese momento marcó su vida futura, pues se enamoró del doctor y se casó con él, tuvieron dos hijas: Jenny y Gaby. Su creatividad siempre presente, le permitió realizar su gran obra plástica.
Hoy museos tan importantes como el Museo de Arte Moderno en la ciudad de México exhiben sus obras. Sus esculturas se pueden apreciar también en Cancún donde la Glorieta conocida popularmente por quienes ahí viven como “El ceviche” fue gran motivo de orgullo, en realidad su nombre es “Fuente de los caracoles y las estrellas”, misma que en 2013 fue rehabilitada por el Ayuntamiento de Benito Juárez, Quintana Roo.
Lorraine Pinto, nació el 7 de noviembre de 1933 en Nueva York, Estados Unidos y desde 1953 se quedó a vivir en nuestro país; México le abrió los brazos y le mostró su enorme riqueza, en respuesta ella le dio a nuestro país hermosas esculturas que se encuentran en diferentes Estados, como la Fuente de “Los Delfines” que se ubica en la Glorieta de la playa “La Ropa” en Ixtapa Zihuatanejo en el Estado de Guerrero; y la obra “Peces” que se encuentra en el Museo de Arte Contemporáneo Internacional Rufino Tamayo, en la ciudad de México, por cierto, fue amiga cercana de Tamayo y su esposa Olga.
También realizó bustos de bronce para personajes como el de Rufino Tamayo; el de Mario Moreno “Cantinflas” solicitado por la ANDA y en el 2009 el dedicado al maestro Luis Nishizawa por su cumpleaños 91 y que se develó en el Museo-Taller Luis Nishizawa, en la ciudad de Toluca en el mes de febrero, que coincidió con el cumpleaños de maestro Nishizawa.
En 2012, el Museo de Arte Moderno de la ciudad de México realizó la exposición de los “Precursores del arte cinético”, entre los que destacaron: David Alfaro Siqueiros, Mathias Goeritz, Germán Cueto, Diego Matthai, Xavier Esqueda, Pedro Friedeberg, Ernesto Mallard, Feliciano Béjar, Víctor Vasarely, Víctor Morales, Rogelio Polesello, Hersúa, Francisco Moyao, Luis Urías, Enrique Bostelmann, Federico Silva, Manuel Felguérez, Ramiro Chaves, Sebastian y la única mujer Lorraine Pinto.
Este arte se desarrolló durante las décadas de los sesenta y setenta, se basaba fundamentalmente en el movimiento y la transformación. La definición de cinético se desprende de la palabra griega Kino que significa movimiento; también se le conoce como arte óptico, pues la piezas creadas se realizaron con componentes mecánicos, luminosos y sonoros. Tuve la oportunidad de estar presente en el recorrido de dicha exposición, con la maestra Lorraine Pinto; quien nos explicó que de este arte se desprende aquella bola llena de cristales que se colocaba en la pista de las Discotecas, el ícono de ese tiempo era el actor John Travolta ataviado con un traje blanco y bailando para la película “Fiebre de sábado por la noche”.
Yo conocí a la maestra Lorraine Pinto, en el año 2008 porque existía una faceta de su obra casi desconocida hasta ese momento y estaba relacionada con la gran admiración que ella sentía por todas las manifestaciones populares de nuestro país, como es el arte popular y la artesanía, por ello comenzó a coleccionar piezas de artesanía que compraba en sus viajes por México, pero un día su hija Gaby le mostró una caja de cristal donde se observaba una ofrenda en miniatura dedicada al Día de Muertos; en ese momento se le ocurrió que podía armar una caja de madera donde pudiera conservar esas piezas artesanales que tanto admiraba, así comenzó lo que sería una colección de cajas temáticas que muestran una composición hecha desde lo más profundo del alma de la pintora.
Cada caja muestra las piezas perfectamente acomodadas y que en conjunto realzan la belleza de la composición, los temas en los que Lorraine Pinto se inspiró, le dieron el título a cada obra como: “Chiapas”, “Árbol de la vida”, “La Lotería”, “Frutos”, “Fiesta Mexicana”, “Ecología 1 y 2”, “Comprando para el Día de Muertos”, “El Caribe”, “El Mercado”, “El baile de Día de Muertos”, “Día del Niño”, “16 de Septiembre”, “La Fiesta Brava”, “El deporte mexicano” y “La Revolución”.
También realizó varios cuadros inspirándose en el arte plumario de México; sabemos que antes de la llegada de los españoles al nuevo mundo y gracias a las estelas mayas que aún se conservan, nuestro pueblo cultivaba el arte plumario, gracias a que en nuestro territorio había incontables especies de aves como el quetzal y que Moctezuma exigía a los pueblos como tributo, también algunos cronistas de la época hablan de los numerosos vestidos ofrecidos a Cortés y que en la actualidad sólo aparece en la artesanía textil de Zinacantán, Chiapas en el Huipil de boda que utilizan las indígenas y los rebozos de plumas de Ahuirán, Michoacán. La belleza de los cuadros de Lorraine Pinto muestran ese arte plumario ya casi desaparecido en nuestro país y que ella utilizó como una forma de admiración hacia nuestra cultura y una forma de rescate de este arte.
Nuestra amistad nació de ese gusto en común por el arte popular mexicano, en ella encontré a una mujer sabia, de gran creatividad, admiradora de las costumbres de nuestro país, gran artista, pero fundamentalmente una gran mujer y madre admirable. La última vez que platiqué con ella fue el dos de julio de 2026, su voz siempre tan entrañable para mí al decirme que debíamos de reunirnos para platicar de tantas noticias y novedades. Mi querida amiga falleció el 20 de julio y como agradecimiento por todos los momentos compartidos, dejo estas líneas como testimonio del gran legado que hoy forma parte del patrimonio artístico de nuestro país.
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