Por: Susana Dumit Garciarreal

Maternidad diferente va mucho más allá de la discapacidad. Es aprender a ser una mamá distinta para cada uno de mis hijos; ser responsable de un hogar, trabajar, educar, aprender, hacer ejercicio, disfrutar la vida, cansarme, enojarme, reír, aceptar, frustrarme, valorar, ser ejemplo, equivocarme, trabajar en mí y agradecer la vida que tengo.
Pero, ¿acaso no es eso lo que hacemos todas las mamás?
Muchas veces normalizamos tanto nuestra realidad que dejamos de ver esos pequeños detalles que hacen que nuestra vida sea única. Estoy convencida de que todos tenemos algo que aportar al mundo y que siempre hay algo nuevo por aprender.
Después de todo este preámbulo, hoy quiero platicarles por qué digo que tengo tan normalizada mi realidad, aunque la vida, de vez en cuando, me regale un cubetazo de agua fría.
Mi hijo Mario tiene 15 años… ¡15 años! Si lo miro con otros ojos, podría estar graduándose de secundaria, pero para mí sigue siendo mi bebé. Es un duelo constante; es aceptar, una y otra vez, la realidad y reconocer los regalos que me da todos los días.
Por otro lado, Rafa, de 10 años, me ha enseñado un montón de cosas que yo creía haber aprendido con Mario. Y ahí comienza otra realidad. Con Mario tengo muy claro lo que nos toca vivir. Mi flaco y yo somos un rompecabezas que embona perfecto: desde la forma en que acomodo mi cuerpo para cargarlo y que ambos estemos cómodos, hasta la manera en que nos entendemos con una mirada o nos escuchamos en silencio.
Pero Rafa vino a sacudirme. Es mi reflejo, y eso implica una responsabilidad inmensa. Muchas veces me hace dudar de mi capacidad y me reta a seguir aprendiendo para convertirme en la mejor versión de mamá para él.
Así que no, no entramos en el estándar de lo «normal», y tampoco quiero hacerlo. ¿Para qué? Ser diferente también es algo extraordinario. No siempre es fácil, pero es la vida que nos tocó, y hoy puedo verla como un regalo. Habrá cosas que nosotros no podremos hacer como los demás, pero también habrá muchas que solo nosotros sabremos vivir y comprender.
“Recuerda que algunas veces los milagros, son personas”
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