Por: Thelma Morales García

Parece tan lejano hablar de aquellas mujeres que vivieron en otros tiempos y que nos dejaron valiosos testimonios de lo que pensaban de sí mismas y de la sociedad que por mucho tiempo las relegó a segundo plano.
En mi caso las mujeres a las que admiro tienen que ver con el ámbito literario e histórico; empiezo por mencionar a Sor Juana Inés de la Cruz quien en su afán por saber, la convirtió en la mujer más sabia de su época; su interés por el conocimiento fue tan fuerte que provocó que rompiera los cánones establecidos para las mujeres de su época, pues entonces el matrimonio era deber de toda doncella casadera, ella en cambio se enfrentó a la negativa de que la mujer pudiera tener acceso a la educación superior y por lo que tuvo que ser su propia maestra: “Volví (mal dije, pues nunca cesé); proseguí, digo, a la estudiosa tarea (que para mí era un descanso en todos los ratos que sobraban a mi obligación) de leer y más leer; de estudiar y más estudiar, sin más maestro que los mismos libros.”
Una mujer que nos dejó un extraordinario testimonio sobre su vida en su famosa Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, donde muestra su rebeldía al opinar lo siguiente: “…muchos quieren dejar bárbaras e incultas a sus hijas que no exponerlas a tan notorio peligro como la familiaridad con los hombres, lo cual se excusara si hubiera ancianas doctas, como quiere San Pablo, y de unas en otras fuese sucediendo el magisterio como sucede en el de hacer labores y lo demás que es costumbre.”
Reivindicar a muchas de ellas es un gran paso que se ha logrado en nuestra actualidad, por ello quiero comentar sobre un libro que recientemente presenté y del que comparto algunas reflexiones; el libro se titula Enheduanna-Tonantznin de Marco Antonio Orozco Zuart. Al leerlo encontré en el prólogo una frase de Marvey Altuzar que llamó mi atención: “la poesía puede ser una forma de restitución simbólica”. Y pensé que restituir aquello que se les negó a muchas mujeres y que mejor manera de hacerlo, que trayendo su ejemplo a la actualidad.
Precisamente el autor nos trae a esta época que vivimos, a 39 mujeres de diversas culturas, diosas de la mitología universal y de nuestra cultura prehispánica: “Cada poema es el resultado de una búsqueda rigurosa, una investigación que cruzó culturas, lenguas y símbolos. Hay guardianas del fuego, guerreras del parto, tejedoras de caminos, médicas del alma y del suelo”, nos dice Marco Antonio Orozco Zuarth.
Gracias a las notas a pie de página de cada texto, podemos indagar sobre el personaje al que están dedicados los versos. Empiezo con Enheduanna que es la primera cronista y poeta de la humanidad que vivió en Mesopotamia en el año 2300 a. C., me encanta saber de ella porque no la conocía y de alguna manera sé que nuestro autor la eligió porque él es cronista y poeta, por lo que adquiere mayor relevancia cuando la selecciona para que sea ella junto con Tonantzin, quienes den título al libro.
De nuestra cultura ancestral, elige a varias diosas como Tonantzin diosa mexica asociada a la fertilidad y a la creación, que después de la llegada de los españoles, el culto hacia ella se transformó en veneración a la Virgen de Guadalupe.
Tlazolteótl, la devoradora de las transgresiones y protectora del parto; Xochiquetzal, la diosa del arte, la belleza y el amor floreciente y Marco Antonio Orozco nos dice que también es en especial la diosa del tejido: “Te invocan… los que cuidan y siembran los que trenzan cabello y tejen palabras… tu permaneces como huella sagrada.”
Diosas y reinas con las que rinde homenaje a su tierra Chiapas. La Reina Roja, esposa del gobernante Pakal: “Tu cuerpo envuelto en cinabrio no calla. Habla con la voz de los sabios sin rostro que cruzan los siglos descalzos. En el rojo intenso que aún vibra en tus huesos.”
Ixchel, la diosa maya de la medicina y la gestación e Ixbalanque la tigresa que cuida los sembradíos en las noches: “La ceiba escucha tus pasos, el jaguar te reconoce en la penumbra, y el tiempo se pliega como un códice devuelto al fuego.”
Tlazoltéotl diosa mexica de la lujuria y la purificación, de quien nos dice: “Diosa de amores profundos y vida renovada… en tu abrazo, la humanidad se abre como flor nocturna.”
De Malinalli o Malintzin a quienes todos conocemos como la Malinche, le reconoce diciendo: “Tu voz… puente entre dos tempestades… madre de mestizaje.”
Tecuichpo que significa flor de maíz era el nombre real de Isabel Moctezuma hija del emperador Moctezuma, mujer que vivió entre dos culturas y a la que también reconoce por su linaje ancestral que ha llegado a la actualidad.
De otras culturas nos encontramos con la Diosa griega de la salud: “Higia, no eres conjuro, eres práctica. Tu altar está en el agua hervida, en la cama limpia, en el descanso.” Así mismo encontramos a la Diosa de la curación universal Panacea quien es “remedio para todo.”
Sekhmet es una diosa egipcia con rostro de leona: “Más vasta que el polvo que cubre los templos, más firme que el bronce que ciñe la piel, guías las fuerzas que cambia el destino y curas la herida que deja el ayer.”
La guerrera samurai Tomoe quien vivió en Japón en el siglo XII y quien se destacó por su valentía y destreza militar: “Tomoe Gozen, invencible en la leyenda, que viva en el viento tu filo perpetuo… No fuiste flor que se doblega ante el miedo, ni dama oculta tras muros de silencio.”
Cuatro ilustraciones incluyendo la de la portada, son autoría del artista chiapaneco Donnet Osorio, quien dibuja a Enheduanna, Tonantzin e Ixchel. Libro realizado por Primero Sueño Editora en este 2026.
Este libro es una oportunidad de aprender de las grandes mujeres que mencionan en este libro, recomiendo ampliamente su lectura.
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