La noche del candidato

Por: Antonio Reyes Pompeyo.

A la medianoche, como en un cuento de terror que apenas va revelando su trama, varios centenares de individuos se untan de tamales, promesas atrevidas, atole, banderitas de pellón pintado y consolas para amplificar el desvergonzado tono de sus ambiciones. El acarreo sigue siendo el mecanismo que nutre la fotografía. Desde atrás del candidato, en el balcón del comité local, una señora se esfuerza por encuadrar el bulto que, jubiloso, parece de verdad creer en el aliento de ese nuevo prócer de la democracia. Llueven los ¡Vivas! Se siembra la madrugada de enjundia patética y se reparten los primeros volantes. La noche nos regala la primera oleada de basura electoral; sonrisas socarronas, baños de pueblo hambriento que recoge las migajas del millonario presupuesto a las campañas. Llega, el que sueña una curul de cuero fino, con dos docenas de afiches pegajosos colgados del antebrazo y reparte fuertes apretones de manos; se ensaya en la humildad ajena y ordena repartir el tesoro de su imagen impresa y pegajosa a los que traigan auto. Yo aquí hablaría de esos que flotan alrededor del candidato, como las moscas alrededor de la caca, pero es esa una imagen demasiado asquerosa. Prefiero seguir de largo, el encuentro con las fuerzas vivas de la re********ción  me regresó a la época en que no nací y me advirtió que así como empiezan terminarán: al abrigo de la noche, ungiéndose de manteca, en la penumbra en que tienen al país, en un cuento de terror que se ha narrado hace mucho ya. 

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