El Perfume aflorado y dulzón de las abuelitas

Por: Rodolfo Munguía Álvarez

¿No sé si le ha pasado perfumado lector?, pero hay gente que es especialmente sensible a los olores. Yo conozco a una persona, que desde que llega a un restaurante puede identificar si la mesa en donde está sentada fue limpiada con un trapo que olía humedad, o si su interlocutor ha estado expuesto al sol por mucho tiempo y cuando esto ocurre, dice que huele a “asoleado”. Pero si hay alguien en la literatura que ha descrito perfectamente bien el mundo de los aromas fue el autor alemán Patrick Süskind, en su primera novela, El perfume, publicada en 1985, en la cual narra la historia de un niño que es abandonado por su madre casi al tiempo de nacer, quien en un mercado lo arroja en un montón de desperdicios y vísceras de pescado, lo que deriva en una acusación a la madre por intento de homicidio y por lo cual, es condenada y decapitada. Durante el desarrollo esta obra, nos permite oler junto a Jean-Baptiste Grenouille, el protagonista, infinidad de aromas que debo confesar que, hasta el momento en el que yo la leí, jamás había reparado en su olor. La novela se torna más interesante, porque se desarrolla en Francia en el siglo XVIII y, eso abre la oportunidad de conocer un mundo en donde la pestilencia estaba a la orden del día, ya que las reglas de salubridad distaban mucho de lo que son ahora. Cabe hacer el comercial, que según cuentan muchos historiadores, los pueblos originarios de Mesoamérica, desde épocas prehispánicas, hemos sido afectos al baño regular, motivo por el cual México no se caracteriza internacionalmente por ser un país de gente maloliente ―salvo en algunas estaciones del metro chilango, a ciertas horas del día, debo reconocer―. Este libro capturó mi atención porque, sin echarles a perder la historia, el personaje trata de encontrar el aroma perfecto destilando, cual si fueran flores, a muchas mujeres para capturar su esencia en una botella, es decir, el tipo era un psicópata feminicida, algo completamente despreciable. Después de haber leído este thriller de misterio, comencé a fijarme mejor en los distintos aromas con los que me cruzo, antes de ello no había notado que tengo un pésimo olfato y que prácticamente distinguía la loción de mi papá, algunos platillos, pocas lociones y los perfumes dulzones y aflorados de las abuelitas, que si me lo permiten señoras mías, pídanle opinión a su nieta más sincera y cámbienlos cuando antes por el que ella les elija: es hora de renovar su neceser o botiquín de esencias. Regresando al tema, este libro lo podrá comprar seguramente en internet, para lectura digital, o encargar una copia física en su librería de preferencia o pedírselo al tío que seguramente lo leyó en su primera edición en español, publicado por Seix Barral. No le recomiendo tratar de hacer trampa y ver primero la película, porque lo sorprendente del libro es la experiencia de percibir aromas a través de la lectura y, esa característica se pierde en el filme. Así que si le interesa, es momento de leer una de las novelas más traducidas de un escritor alemán (a más de 40 idiomas) y distribuido prácticamente en todo el mundo libre; y, como tarea, le pido me platique cuál es su perfume o loción favorita y a quién le recuerda, claro, con Apertura Intelectual, en donde nadie se ofende. Finalmente, le invito a seguirme en Twitter como @GloopDr principalmente, si le gusta escribir o leer.

¡À la vous santé, monsieur!

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