La nacionalidad y la ciudadanía

Por: Luis Roberto Peralta Hernández

Existen distintas teorías y corrientes tanto jurídicas como filosóficas relativas al punto en que un ser humano posee determinados derechos, algunos sostienen que habremos de considerar éste momento histórico de la vida desde la concepción mientras que otros sostienen será hasta el momento del nacimiento cuando sea sujeto de ellos.

Independientemente de la forma de pensar de usted estimado lector, lo que es innegable es reconocer que a lo largo de camino que recorra un individuo de la especie humana dentro del mundo habrá de ir adquiriendo y ejerciendo determinado derechos, obligaciones y responsabilidades establecidas en el marco normativo o en el sistema de leyes en que se desenvuelva.

Quizás el primero de ellos y que constituye un derecho humano reconocido es el de la nacionalidad, amén de la posibilidad de adquirir una nueva o diferente con posterioridad en el transcurso de su vida, a través de los medios que las leyes de cada país establezcan para darle la oportunidad a quienes así lo decidan y que cumplan con los requisitos exigidos gozar de una nueva con todo lo que jurídicamente conlleva.

Establecida en el artículo 14 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la nacionalidad es un derecho fundamental del que goza toda persona sin que pueda nadie ser privado de ella arbitrariamente ni que se le pueda impedir a cambiar de ella.

La noción de la nacionalidad en la mayoría de los países, como ocurre en el caso de México, surge a partir de dos conceptos jurídicos básicos cuya expresión en latín son: el ius soli (derecho del suelo o derechos de lugar) que expresa que la persona adquiere la nacionalidad en virtud del lugar en donde nace, o bien, el ius sanguinis (derecho de sangre) que implica que la persona adquiere la misma nacionalidad de sus progenitores.

Es por lo que nuestra Constitución Federal en su artículo 30 reconoce éstos conceptos al consagrar:

Artículo 30. La nacionalidad mexicana se adquiere por nacimiento o por naturalización. A) Son mexicanos por nacimiento: I. Los que nazcan en territorio de la República, sea cual fuere la nacionalidad de sus padres. II. Los que nazcan en el extranjero, hijos de padres mexicanos, de madre mexicana o de padre mexicano; III. Los que nazcan en el extranjero, hijos de padres mexicanos por naturalización, de padre mexicano por naturalización, o de madre mexicana por naturalización, IV. Los que nazcan a bordo de embarcaciones o aeronaves mexicanas, sean de guerra o mercantes. B) Son mexicanos por naturalización: I. Los extranjeros que obtengan de la Secretaría de Relaciones carta de naturalización. II. La mujer o el varón extranjeros que contraigan matrimonio con varón o con mujer mexicanos, que tengan o establezcan su domicilio dentro del territorio nacional y cumplan con los demás requisitos que al efecto señale la ley.

El artículo 37 Constitucional establece que ningún mexicano por nacimiento podrá perder su nacionalidad y del mismo modo establece las condiciones bajo la cuales una mexicano por naturalización podría perderla.

Del mismo modo y como reglamentaria a los artículos 30, 32 y 37 Constitucionales, existe en nuestro sistema jurídico la Ley de Nacionalidad en la que se regula lo relacionado con los procesos y autoridades encargadas ante quienes se llevarán los trámites necesarios para la obtención de la nacionalidad mexicana.

Como podemos apreciar la nacionalidad es, tal y como lo consagran tanto las leyes nacionales como los instrumentos jurídicos internacionales de los cuales el Estado mexicano es parte, un derecho humano fundamental del que toda persona debe gozar para el desarrollo pleno de su dignidad.

La ciudadanía es un status que se le reconoce a determinados sujetos, en términos de las leyes respectivas de cada país, para ejercer ciertos derechos dentro de una comunidad pudiendo y debiendo cumplir con las correlativas obligaciones y deberes que esto conllevaba.

Existen algunos autores como Thomas Marshall quien en su obra “Ciudadanía y Clase Social” que reconocen la existencia de tres tipos de ciudadanía; una civil que se refiere a la obtención de los derechos civiles y acceso a la justicia; una política que implica la posibilidad de votar, ser votado y ejercer cargos públicos y una más social que hace referencia a los derechos de un bienestar económico y a desarrollar una vida dentro de una sociedad y acorde con los estándares de la comunidad.

Como podemos apreciar, el derecho a la ciudadanía no opera del mismo modo en todos los países, en todas las circunstancias pudiendo incluso influir un factor temporal, es decir, que en cada sociedad el ejercicio de determinados derechos relativos a la ciudadanía han sido conseguidos a través de luchas como por ejemplo, el derecho al voto por parte de las mujeres o bien la edad mínima que debe tener un individuo para ejercer su sufragio en jornadas electorales.

Nuestra legislación contempla en el artículo 34 lo siguiente:

Artículo 34.- Son ciudadanos de la República los varones y mujeres que, teniendo la calidad de mexicanos, reúnan, además, los siguientes requisitos: I. Haber cumplido 18 años, y II. Tener un modo honesto de vivir.

Para el caso de nuestro país, éstos únicos dos requisitos son necesarios para adquirir la ciudadanía, sin embargo y como ha sido comentado en colaboraciones anteriores dentro de éste mismo espacio, no sólo es necesario el saber que ya se cuenta con determinados derechos, sino la necesidad de que las nuevas generaciones lo ejerzan de manera responsable y sobretodo seamos conocedores y conscientes de que a la par tenemos obligaciones y deberes que cumplir como parte de un equilibrio necesario para el bien común, por lo que, éstos si pueden ser suspendidos su el ejercicio.

Es por ello, que ha manera de breve paréntesis y conclusión de ésta colaboración quisiera acotar, estimado lector algo que como he comentado en algunas otras oportunidades, a lo largo de los años nos ha sido enseñado en distintas aulas, en varios niveles educativos, incluso en espacios universitarios y que a mi entender es equívoco, el que hay quienes sostienen aún en la actualidad que, para el estudio de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos habremos de considerar una parte orgánica y otra dogmática (hasta aquí ciertamente correcto, pero limitado); que en la parte dogmática se incluye el estudio de los Derechos Humanos y las Garantías, el cual se constriñe a lo consagrado en los artículos 1-29, siendo aquí el punto de inflexión, es a mi parecer erróneo ya que como pudimos analizar, desde la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos se ha considerado como tal al ejercicio de los derechos relativos a la nacionalidad y a la ciudadanía así como derechos fundamentales que han estado vigentes desde 1917 en nuestra ley suprema y que se localizan fuera de éstos numerales.

“- Si soy mexicana.

Chavela, pero usted nació en Costa Rica.

¡Los mexicanos nacemos donde nos da la chingada gana!”

Chavela Vargas

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