Yo soy de esos amantes a la antigua

Por: Rodolfo Munguía Álvarez

¿A usted no le ha pasado, correcto lector, sentir que la sociedad en su ajetreo habitual ha disminuido su nivel de cortesía para con los demás? “Yo soy de esos amantes a la antigua, que suelen todavía mandar flores…” recitaba aquella canción de Roberto Carlos que me hacía pensar en un caballero de finas costumbres, que buscaba el amor a través de cartas, con besos en la mano y su caballerosidad como única estrategia para conquistar a la mujer amada. Pero al parecer esa época ya pasó y ahora el mundo está un poco espinado. En esta época difícil un acto de caballerosidad puede ser mal interpretado como “debilidad” o de “menosprecio a las mujeres”, lo cual, desde mi punto de vista: nada más alejado de la realidad. Para mí tener un detalle de cortesía con las mujeres es parte de mi forma de ser, así me educaron hace ya unos ayeres. Sin embargo, entiendo que durante mucho tiempo ese galanteo incomodó al género femenino y hubo quienes abusaron de ello para herir su dignidad. Y esto viene a cuenta porque hace unos diez años escribí seis libros sobre cortesía social para niños, con la esperanza de que esas reglas de urbanidad y buenas maneras basadas en algo tan simple como “el respeto” permitieran a nuestros estudiantes egresar mejor educados para la convivencia social, algo que siento que nos hace mucha falta. Cuando llevé a revisar con unos pedagogos el contenido de mis libros, una de ellas se acercó y me dijo que no estaba de acuerdo con que los hombres le abrieran la puerta a las mujeres, porque ellas podían hacerlo solas; ni que las dejaran pasar primero por una puerta, porque ellas eran igual de importantes que los hombres. Yo, con todo el deseo de sacar adelante el proyecto y que los libros fueran publicados, le contesté que quitaría esos temas del contenido, pero nuevamente me sorprendió su respuesta: “No. No los quite. Si lo hace, perderían su esencia: déjelos así”. Ni hablar mujer, trais puñal. Los dejé. Años después salieron a la luz pública muchos casos de acoso sexual laboral. Muchas mujeres ―y algunos hombres también― salieron a denunciar que habían sido acosadas en el pasado por personas que tenían un control laboral sobre ellos, con la amenaza de despedirlos o de no contratarlos. Este movimiento autodenominado “Me too” (a mí también) nació en 2017 y rápidamente se regó por el mundo. Muchas personas, entre ellas yo, redoblamos nuestros esfuerzos en las oficinas y centros laborales para evitar, a toda costa, incomodar a alguna compañera de trabajo. Seguramente el movimiento sirvió, principalmente para hacer conciencia, aunque desafortunadamente se siguen denunciando problemas de acoso o agresiones sexuales contra mujeres, por el simple hecho de ser mujeres. La contra argumentación a este tema fue puesto por algunas francesas quienes objetaron, palabras más, palabras menos, que las mujeres no debían confundir un intento de acoso de un hombre, con una “torpe galantería”, de alguien que quisiera aproximárseles con buenas intenciones y terminara siendo acusado de acoso. Todo un tema de debate, del cual yo saco a manera de conclusión, que nos urge vivir en una sociedad más cálida, justa, cordial, decente y respetuosa. Yo por mi parte seguiré aplicando mis reglas de cortesía, tal y como me enseñaron mis padres, porque siento que es lo correcto aunque aclaro: sé perfectamente que las mujeres pueden abrirse una puerta, cargar sus bolsas y pagarse sus cosas… pero, me gusta tenerles una atención. Además, es muy importante apoyar la lucha de las mujeres para acabar con las injusticias e inequidades que enfrentan día a día y en mi caso, lo haré desde varios frentes. Finalmente, le invito a escribirme a lector.frecuente@gmail.com para platicarme con Apertura Intelectual qué piensa de este tema o si para usted es ofensiva la caballerosidad. Ah y también le invito a seguirme en Twitter como: @GloopDr, sobre todo, si le gusta escribir.

¡A votre santé, monsieur!

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Un comentario en “Yo soy de esos amantes a la antigua

  1. Excelente tema. Te comento y porque así crecí y mis hermanos fueron educados en esa forma, las atenciones a la mujer es de caballeros bien educados, cosa que ya se acabó, esa educación pasó a la historia y creo que en parte provocado también por la mujer, tal como el ejemplo de la pedagoga, eso ya no les gusta y hasta les ofende y claro que el hombre lo evita por el temor de ser acusado de acoso. Muy triste lo que se está viviendo, sin educación, sin respeto y sin empatia
    hacia los demás

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