Por: José Carlos Zepeda García

Hay noticias que sorprenden por lo que dicen… y otras que preocupan por lo que podrían significar.
En los últimos días comenzó a circular una versión muy delicada: que la Federación Mexicana de Futbol, con Mikel Arriola como uno de sus principales operadores, habría respaldado a Gianni Infantino en medio de la crisis que vive FIFA, a cambio de una eventual ayuda para que México abandone Concacaf y llegue a Conmebol.
Vamos por partes.
Primero: el respaldo de la FMF a Infantino sí ocurrió. México se desmarcó de la postura crítica que asumieron Concacaf, UEFA y otras organizaciones frente al presidente de la FIFA. Lo que no está confirmado es el supuesto pacto para cambiar de confederación. Es decir: una cosa es el hecho; y otra, la versión que explica por qué ocurrió.
Y es aquí donde, como críticos, me parece que debemos levantar la ceja.
Porque si el futbol mexicano realmente estuviera dispuesto a apoyar a un dirigente internacional a cambio de una promesa política, estaríamos ante una decisión que debería explicarse públicamente.
No estamos hablando de cambiar de entrenador o de contratar un refuerzo.
Estamos hablando de cambiar el lugar de México en el mapa futbolístico mundial.
Ahora bien, supongamos que la versión fuera cierta.
¿Qué ganaría México?
En lo deportivo, jugar en Conmebol significa enfrentar con mayor frecuencia a selecciones como Argentina, Brasil, Uruguay, Colombia, Ecuador o Chile. El nivel de exigencia subiría muchísimo y eso podría beneficiar al futbol mexicano.
Para la Selección, sería una escuela permanente de alta competencia.
Pero también habría un costo.
México dejaría una confederación donde es una de las potencias históricas para entrar a una región mucho más complicada. Se acabarían, en buena medida, los partidos relativamente cómodos que permiten acumular triunfos, títulos y. desde luego, confianza.
Y hay otra pregunta todavía más importante: ¿qué pasaría en las competencias de clubes?
Liga MX tendría que replantear su relación con los torneos continentales, calendarios, viajes, derechos comerciales y participación internacional. Y habría que negociar qué sucedería con torneos como la Copa Oro, la Nations League y las competencias de Concacaf.
Además, no olvidemos algo: México está geográficamente en Norteamérica. Los estatutos de FIFA contemplan excepciones para que una asociación pueda jugar en otra confederación, pero no es una decisión que pueda tomar unilateralmente un presidente de FIFA. Se necesita un proceso institucional y la opinión de la confederación a la que México pertenece geográficamente.
Entonces, ¿sería bueno para México?
Mi respuesta es: podría serlo deportivamente, pero sería una operación de enorme riesgo institucional y económico.
Y aquí está mi principal crítica a la FMF: si de verdad existe interés en Conmebol, que se diga de frente.
Que expliquen qué quieren, cuánto costaría, qué ganarían nuestros clubes, qué pasaría con las selecciones nacionales y, sobre todo, cuál sería el beneficio para el futbolista mexicano.
Porque el problema no es querer competir contra Brasil o Argentina.
Al contrario: México necesita partidos de ese nivel.
El problema sería que una decisión tan grande estuviera condicionada por intereses políticos o por un intercambio de favores.
Y si el futbol mexicano quiere crecer, no necesita privilegios.
Necesita competencia. Necesita proyectos deportivos serios. Necesita formar jugadores.
Y necesita enfrentarse más seguido con los mejores.
Así que, mientras no haya pruebas de ese supuesto pacto, tomémoslo como lo que es: una versión que merece ser investigada, pero no presentada como un hecho.
Porque si algún día México deja Concacaf para irse a Conmebol, la pregunta no debería ser “¿qué nos prometieron?”
La pregunta tendría que ser mucho más sencilla: ¿qué va a ganar el futbol mexicano?
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