Por: Jonathan Hellwig Guerra

Antes de comenzar este artículo, te tengo una propuesta. “Acude a cualquier evento cultural sin pretensiones, te puedes llevar una grata sorpresa”.
Digger, la esperada colaboración entre Alejandro González Iñárritu y Tom Cruise, arrancó con una cifra llamativa: 125 millones de dólares de presupuesto de producción. Es un número alto para una película que no lleva el sello de una franquicia de superhéroes ni se apoya en una marca de juguetes preexistente. Sin embargo, en la contabilidad real de Hollywood, es solo la mitad de la inversión. Evaluar el verdadero costo de un proyecto cinematográfico de este calibre exige analizar, el por qué se genera taquilla.
¡Hay que Sumarle!
Detrás del rodaje y de la minuciosa postproducción del director mexicano, opera la maquinaria publicitaria de Warner Bros. En el mercado actual, las campañas globales de Prints & Advertising (P&A) —espectaculares en las grandes capitales, giras internacionales de prensa y una penetración masiva en redes sociales— en este caso, probablemente añaden tranquilamente entre 80 y 120 millones de dólares a la factura. Cuando se suman los gastos logísticos de distribución, doblaje y copiado digital, la inversión a riesgo por parte del estudio roza seguramente los 250 millones de dólares.
Aquí es donde la ecuación económica cambia. Muchos olvidan que la taquilla anunciada con bombo y platillo no entra íntegra a las arcas del estudio. Las cadenas de cine de todo el mundo se quedan, en promedio, con entre el 40% y el 50% de la recaudación bruta. Esto significa que para que Digger comience a generar un solo dólar de ganancia limpia en salas, necesitará alcanzar una cifra global cercana a los 500 millones de dólares.
Probando el Cine de Autor
Estamos ante una paradoja y un riesgo financiero. Por un lado, resulta motivador que un estudio vuelva a depositar un capital de estas dimensiones en la visión de un autor mexicano con sello propio; que también puede constatarse con el talento que actúa en la película. Por el otro, el gigantismo presupuestario transforma lo que debería ser una obra de exploración artística en un ejercicio de alto riesgo financiero.
Si Digger triunfa, demostrará que el público masivo aún responde a historias originales impulsadas por una visión de autor. Pero si tropieza, la industria no culpará a la ejecución, sino al atrevimiento de haber financiado una idea original con el presupuesto de una secuela de Marvel. González Iñárritu y Tom Cruise no solo están estrenando una película; están poniendo a prueba la resistencia del cine de autor en la era del bloque corporativo.
Ahora, justo cierro con una pregunta que enmarca el titulo de esta columna. ¿Si en México ajustáramos los presupuestos a menos producción y más promoción? El cine en México es autoral, es decir, ya es riesgoso desde su concepción, porque no darle promoción también y no solo calidad.
Muchas veces no es el dinero, es el ingenio y para eso nos proyectamos (como en el cine) solos.
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