Por: Víctor Manuel Reyes Ferriz

| 20 DE OCTUBRE DE 2026 | ¿El agua desafía la física? |
Todos los días damos por sentado que las cosas son, fueron y serán de cierta manera y el llegar a descubrir que existen de otra totalmente diferente a lo que nuestra mente nos ha acostumbrado a racionalizar, probablemente nos lleva a pensar que son excepciones, maravillas o para algunas personas tendientes a lo religioso, lo llamarían milagros; empero, más allá de si estos calificativos son ciertos, contundentes o incluso correctos a la hora de querer aplicarlos, me parece exquisito el hecho de que tengamos que poner a prueba no solo a nuestro cerebro sino a nuestros sentidos al mismo tiempo, y es que así como de niños entrábamos al conocido juego de “La cabaña del tío chueco” en la naturaleza encontramos sin mayor producción ni artilugios, lugares que nos demuestran que probablemente las leyes de la física no aplican del todo.
Hace algunas semanas navegando en internet encontré un lugar en la tierra que me pareció “fuera de este mundo” porque lo que mis ojos y sentidos veían en un video de tan solo unos quince segundos, me pareció que no era real y como ahora estamos demasiado inmersos en el tema de generar contenido mediante el uso de la Inteligencia Artificial, mi primer conclusión fue “este video es generado por IA”; sin embargo, después de la tercera ocasión que vi con más detalle, me percaté que, de saque, mi cerebro había asegurado que no podía ser real porque el mundo no funciona de esa manera; no obstante, la curiosidad no me dejaba tranquilo y poniendo un poco más de atención comenzaron a surgir diferentes interrogantes hasta que por fin fueron tantas que decidí buscar información con lo poco que el video exponía, solo decía “Naneghat” y el video era una cascada que mostraba como el agua en lugar de caer subía, totalmente fuera de lo común, al parecer el agua de esa cascada desafiaba la física porque claramente se ve que el agua cae del acantilado y, en determinado momento, parece regresar hacia arriba y la primera reacción debo confesar fue ¿Cómo demonios puede una cascada subir? pero al momento de ya indagar, resulta que por supuesto que esta cascada ubicada en la India cumple perfectamente con lo que las leyes de la física nos marcan, específicamente la gravedad, y es que en este punto del planeta se juntan demasiados circunstancias como son la geografía del lugar, el viento, la velocidad, el cauce y muchas otras que, juntos, generan una fuerza contraria que al momento de chocar el agua, obliga a que parte de ella salga impulsada por los aires. Hasta ahí me pareció fascinante, algo que solo nuestro planeta es capaz de regalarnos en pocas ocasiones, un espectáculo donde la mano del hombre no tuvo nada que ver y que, aunque quisiera o intentara igualarlo, tal vez y solo tal vez, fracasaría rotundamente.
A partir de ese momento y como ya debemos estar acostumbrados, los algoritmos de nuestras redes sociales ubican a la perfección nuestro actuar e intereses y entonces llegó un momento, por decirlo menos, extraño porque si bien aquella cascada me pareció fascinante, también, nuevamente mi cerebro aseguró por anticipado, pensé que era única y entonces la realidad me abofeteó contundentemente diciéndome “¿Te gustó lo que viste, pues aquí te enseño más lugares así?” bueno pues resulta que efectivamente la cascada de Naneghat en India no es el único lugar en el planeta Tierra que nos puede regalar este maravilloso espectáculo, el siguiente sitio que me apareció se llama “Kinder Downfall” en el Reino Unido y fue en ese preciso momento que recordé algo de lo que tan solo unas semanas atrás tuve oportunidad de escribir y que intitulé “Cuando el hielo sangra” donde a grandes rasgos comento el cómo nuestro cerebro juega con nuestro juicio por las imágenes que vemos y que esto debe obligarnos no solo a re pensar sino a investigar a fondo antes de poder dar siquiera una opinión y no quedarnos con “los titulares” de cualquier información, así que haciendo ese preciso ejercicio logré disfrutar de no dos o tres lugares en que se presenta este fenómeno sino, al menos, otros 10 lugares que se encuentran en países como Australia, Brasil, Chile, China, Estados Unidos, Hawái, Irlanda, Islandia, Japón y México así que no solo me terminó de cuadrar el círculo sino que me pareció interesante poder relatar un poco de este fenómeno y eso es lo que haré en esta ocasión para ustedes.
Naneghat no es solamente el nombre que apareció en aquel video, es un antiguo paso de montaña ubicado en los Ghats Occidentales de Maharashtra, entre la costa de Konkan y la meseta del Decán, un sitio que durante siglos funcionó como una ruta de comunicación y comercio entre ambas regiones y que, además de su importancia histórica, posee una característica geográfica que resulta fundamental para entender lo que mis ojos estaban viendo, su configuración montañosa crea un corredor natural por el que durante el monzón del suroeste pueden desplazarse masas de aire con una intensidad considerable; cuando a esto agregamos las lluvias propias de esa temporada, el agua comienza a descender por las paredes y desniveles de la montaña mientras el viento asciende por el relieve, de manera que ambos elementos terminan encontrándose justo en el lugar menos intuitivo para nuestros sentidos; no obstante, la primera pieza que debemos colocar en este rompecabezas es la gravedad, porque sigue exactamente donde debe estar y continúa ejerciendo su fuerza hacia abajo sobre el agua, la diferencia comienza cuando dejamos de imaginar la cascada como una columna compacta de agua y observamos lo que realmente ocurre cuando el viento alcanza un flujo que está cayendo, la corriente puede romperse en gotas, partículas y una especie de niebla de agua que presentan una superficie y una masa mucho menores que las de una columna continua, de manera que una corriente de aire suficientemente intensa puede modificar su trayectoria, dispersarla, frenarla e incluso impulsarla temporalmente en dirección contraria a la caída, generando precisamente que nuestros ojos lo interpreten como agua subiendo, pero no significa entonces que la gravedad haya perdido una batalla, significa que el viento consiguió ejercer sobre esas partículas una fuerza suficiente para cambiar el movimiento que esperábamos observar; incluso, la forma del terreno también importa porque el viento no se comporta igual sobre una superficie abierta que cuando encuentra paredes, desniveles, corredores o cambios bruscos de relieve, y en Naneghat la combinación entre el paso montañoso, la exposición del relieve y los vientos asociados al monzón generan condiciones especialmente favorables para que el aire encuentre una trayectoria ascendente y se encuentre con el agua en plena caída; de ahí que el espectáculo no aparezca simplemente porque exista una cascada, sino porque tienen que coincidir agua suficiente, viento con dirección e intensidad adecuadas y una configuración del terreno capaz de favorecer esa interacción, razón por la cual podemos visitar el mismo sitio en otro momento y encontrar una cascada perfectamente normal; asimismo, es todavía más fascinante pensar que Naneghat no fue construido para producir este espectáculo, la montaña ya estaba ahí, las lluvias llegan con sus propios ciclos, el viento encuentra su camino entre los accidentes geográficos y el agua responde a todas esas condiciones sin necesidad de que alguien intervenga para provocar el fenómeno; quizás por eso la primera impresión resulta tan poderosa, porque durante unos segundos parece que estamos frente a una excepción de la naturaleza cuando en realidad estamos frente a una demostración bastante contundente de lo poco que necesitamos conocer un fenómeno para confundir aquello que vemos con aquello que creemos que debería estar sucediendo.
Algo similar ocurre en Kinder Downfall, aunque aquí el escenario cambia por completo porque nos trasladamos hasta Kinder Scout, en el Peak District de Derbyshire, en el Reino Unido, donde la cascada se encuentra dentro de un paisaje de páramos, formaciones rocosas y extensas zonas húmedas donde se ha acumulado durante siglos materia vegetal parcialmente descompuesta que forma turba, es decir, un ecosistema de turbera que cumple además funciones fundamentales en el almacenamiento de carbono y la regulación del agua y la conservación de hábitats para distintas especies; cuando el viento golpea la caída de agua en las condiciones adecuadas, vuelve a suceder algo que nuestros ojos reconocen inmediatamente como imposible, el agua que debería continuar descendiendo es levantada y convertida parcialmente en bruma que el viento arrastra sobre el borde, entonces la diferencia empieza precisamente cuando dejamos de quedarnos con la fotografía y observamos el lugar que existe detrás de ella, porque Kinder Downfall no necesita ser Naneghat para producir un resultado visual parecido, aquí intervienen las condiciones atmosféricas propias de un paisaje elevado y expuesto, la orientación del terreno, las características de la caída y la fuerza del viento que puede transformar el agua en una nube de gotas suspendidas; la propia National Trust describe cómo el viento puede levantar el agua que cae y llenar de niebla el entorno de la cascada, mientras que el paisaje que la rodea muestra hasta qué punto la interacción entre agua, viento, roca, turba y relieve forma parte de un sistema mucho más amplio; de hecho, este sitio que se ve impactante en los videos, tiene otra historia que contar además de la del agua, porque este mismo territorio fue escenario en 1932 de una movilización conocida como el Kinder Mass Trespass, cuando cientos de personas caminaron hacia Kinder Scout para reclamar el acceso a espacios abiertos que en aquella época se encontraban restringidos por la propiedad privada, un episodio que terminó con arrestos y encarcelamientos y que con el paso de los años se convirtió en uno de los antecedentes fundamentales del movimiento por el derecho de acceso al campo en Inglaterra; aquella caminata no modificó la dirección del viento ni hizo subir la cascada, pero sí terminó modificando algo profundamente humano, la manera en que una sociedad entendía quién podía disfrutar determinados paisajes; décadas después, Kinder Scout forma parte del Peak District, el primer Parque Nacional del Reino Unido, y continúa siendo un espacio de acceso público en el que la conservación resulta indispensable porque el propio tránsito humano, junto con otros factores históricos y climáticos, ha contribuido al deterioro de algunas zonas de turbera, de modo que hoy existen trabajos específicos para restaurarlas, reducir la erosión y recuperar sus funciones ecológicas y, resulta curioso que un lugar cuya historia está relacionada con la lucha por poder caminar libremente sobre la naturaleza nos obligue ahora a pensar también en la responsabilidad que implica hacerlo, porque acceder a un paisaje no significa que podamos comportarnos como si el paisaje fuera infinito.
Después de informarme un poco sobre estos dos lugares, algo comenzó a cambiar en mi cabeza porque la pregunta dejó de ser solamente cómo era posible que el agua pareciera subir y empezó a convertirse en otra mucho más interesante, si el resultado visual podía ser semejante en dos sitios tan diferentes, entonces probablemente lo importante no era encontrar una explicación universal que borrara las particularidades de cada paisaje, sino entender qué combinación de circunstancias hacía posible el fenómeno en cada uno, porque Naneghat tiene su monzón, su relieve y su corredor montañoso, Kinder tiene sus propios vientos, su exposición, sus formaciones rocosas y sus condiciones atmosféricas, mientras que otros lugares del planeta vuelven a ofrecer imágenes similares bajo circunstancias que tampoco son idénticas, y fue entonces que a partir de ahí, aparecieron otros registros que terminaron de romper aquella primera idea de que Naneghat era una rareza prácticamente aislada, porque fenómenos semejantes han sido observados en sitios desde la Cachoeira da Fumaça en Brasil hasta Furepe Falls en Japón, pasando por los acantilados de Moher durante tormentas en Irlanda o Waipuhia Falls en Hawái, y cada uno de estos casos tiene su propia relación entre agua, relieve, exposición y viento, de manera que hablar de “cascadas invertidas” puede describir el efecto que vemos, pero no necesariamente explica por sí mismo las circunstancias que lo producen; de hecho, Chile ofrece incluso una muestra particularmente interesante porque la conocida Cascada Invertida del Valle de los Cóndores, en la Región del Maule, se encuentra dentro de un paisaje cuya propia configuración geológica ayuda a explicar el fenómeno, las formaciones basálticas dieron origen a grandes superficies y paredes que estructuran el valle y, en uno de sus sectores, la orientación y estrechez del cajón permiten que el viento se encauce a lo largo de él para encontrarse frontalmente con la caída de agua; nuevamente no estamos ante una naturaleza que haya decidido cambiar las reglas, sino ante una combinación específica de geología, orientación, viento y agua que consigue producir ante nuestros ojos un resultado extraordinario; y es entonces cuando aparece una coincidencia que me resulta mucho más interesante que la propia cascada, porque todos estos lugares parecen decirnos algo parecido sin necesidad de pronunciar una sola palabra, nuestros sentidos suelen convertir lo conocido en una especie de regla general y cuando aparece algo que no encaja con ella nuestra primera reacción puede ser pensar que aquello está mal, que es imposible o que alguien hizo trampa; empero, cuando decidimos detenernos, observar, preguntar e investigar, descubrimos que muchas veces el problema no estaba en la naturaleza sino en nuestra certeza previa acerca de cómo debía comportarse.
¿Podemos aprovechar el valor extraordinario de un lugar sin destruir aquello que precisamente lo hace extraordinario?
Cuajimoloyas me parece un punto particularmente interesante para hacer esa pregunta porque aquí ya no estamos hablando solamente de observar una maravilla natural durante unos segundos, sino de una comunidad que forma parte de los Pueblos Mancomunados de la Sierra Norte de Oaxaca y que ha construido alrededor de su territorio una oferta de turismo comunitario en la que el paisaje no aparece como un simple escenario para el visitante, sino como parte del patrimonio natural y cultural que da sentido a las propias actividades; San Antonio Cuajimoloyas se encuentra en una región serrana de enorme riqueza ambiental y dentro de un territorio agrario de carácter comunal, mientras que su centro ecoturístico Yaa-Cuetzi ofrece hospedaje, senderismo, cabalgatas, ciclismo de montaña, observación de flora y fauna, gastronomía, medicina tradicional y otras experiencias vinculadas directamente con el entorno, y nos obliga a observar la diferencia fundamental respecto a los otros lugares que cuentan con un espectáculo natural de esta envergadura, y éste recae en que conocer un lugar no obliga a destruirlo para poder disfrutarlo, una comunidad puede convertir parte del valor natural y cultural de su territorio en una actividad económica, generar empleos, ofrecer servicios, involucrar a guías locales, abrir espacios para sus productos y permitir que quienes llegan desde otros lugares conozcan aquello que para sus habitantes forma parte de su vida cotidiana; en Cuajimoloyas existen además actividades vinculadas con productos del bosque, gastronomía, hongos silvestres, artesanías y otros saberes locales, de manera que el visitante no solamente consume un paisaje, también puede entrar en contacto con una parte de la vida comunitaria que existe alrededor de él; sin embargo personalmente lo que considero verdaderamente interesante, aparece cuando observamos quién decide y bajo qué lógica se desarrolla ese aprovechamiento, porque los Pueblos Mancomunados cuentan con autoridades comunales y estructuras de organización propias, mientras que el turismo comunitario ha sido identificado tanto por investigaciones académicas como por las propias instituciones públicas como una actividad vinculada con formas de organización y gestión colectiva del territorio; en 2025 el Gobierno de Oaxaca y FONATUR trabajaron con autoridades comunales y representantes de servicios ecoturísticos de San Antonio Cuajimoloyas y, en abril de este 2026, un convenio para impulsar el turismo comunitario estableció que los propios pueblos definieran qué y dónde realizar las inversiones destinadas a fortalecer esta actividad, con la preservación del entorno natural como uno de los objetivos expresamente señalados.
Este ejemplo resulta todavía más interesante cuando recordamos que el aprovechamiento no tiene que limitarse a una sola actividad turística, porque alrededor del territorio pueden coexistir servicios de hospedaje, alimentación, guías, recorridos, productos locales, actividades culturales y conocimientos tradicionales, generando una red económica que permite que distintas personas participen de los beneficios que produce la llegada de visitantes; empero, ninguna de esas posibilidades tendría demasiado sentido si para conseguirlas fuera necesario deteriorar justamente el bosque, el agua, los senderos, la biodiversidad o las condiciones que hacen atractivo el territorio, porque entonces estaríamos consumiendo el capital natural que sostiene la propia actividad.
Finalmente, quizás esa sea una de las grandes diferencias entre llegar a un lugar para explotarlo y llegar a un lugar para conocerlo, disfrutarlo y permitir que quienes viven ahí también encuentren una oportunidad para permanecer y prosperar dentro de su propio territorio, porque respetar el entorno no significa necesariamente cerrar las puertas y dejar que nadie se acerque, significa comprender que una visita, una fotografía, una caminata, un hospedaje o una actividad turística tienen consecuencias y que la verdadera inteligencia está en conseguir que nuestra presencia no termine convirtiéndose en la razón por la que aquello que fuimos a admirar deje de existir.
DATO CULTURAL.
Un día como hoy en 1548 en Bolivia, Virreinato del Perú (actuales países de Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay), el capitán español Alonso de Mendoza por orden del diplomático, jurista y sacerdote Pedro de La Gasca, funda la ciudad de La Paz, la cual, inicialmente fue concebida con la finalidad de mantener el comercio entre las ciudades existentes de Arequipa, Cusco, La Plata y Potosí; en 1973 en Sidney, Australia, la entonces Reina Isabel II del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y bajo el también título de Reina de Australia, inaugura finalmente el Sydney Opera House, cuyo proceso de construcción fue sumamente accidentado ya que el diseño ganó el concurso en 1957, obra del arquitecto danés Jørn Utzon pero en 1966 renunció al proyecto por que le habían solicitado demasiados cambios y un recorte importante de recursos que generó el retraso de la obra; en 1976 en Buenos Aires, Argentina, en el barrio de La Paternal, el entonces Estadio de la Asociación Atlética Argentinos Junior se convierte en el recinto para el debut profesional de Diego Armando Maradona. El encuentro fue contra un durísimo Talleres de Córdoba que al medio tiempo se iba a los vestidores con el triunfo parcial de 0-1 gracias al gol de Luis «El Hacha» Ludueña, y para el minuto 46, al regresar al campo para la segunda mitad, saltó desde la banca con el dorsal 16 un joven de 15 años, 11 meses y 20 días, que se mostró al mundo ante 7,737 asistentes de esa tarde y cuya carrera futbolística fue impactante. Ese mismo estadio que lo vio nacer profesionalmente adoptó su nombre tras una reconstrucción en 2003 y ampliación a 25,110 espectadores.
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