Yo, aquellísima persona

Por: Antonio Reyes Pompeyo.

“Escapé de los tigres,/ a las chinches alimenté,/ pero fui devorado/ por las mediocridades” Bertolt Brecht

Imagino, en mi desvarío imbécil, una conflagración compuesta por los personajes que de alguna forma me odian, me aborrecen o simplemente les caigo mal. Fantaseo con las minucias técnicas del desvelado complot: abriría un grupo de guatsap donde pudieran compartir información, anécdotas, el enlace de una hoja de cálculo que permitiera la concreción de los datos duros y hacer estadísticas. Una shitstorm bien organizada. 

Los ayudaría a formar escaramuzas rápidas e intensas para chingar sin acabarme de una vez, estructurar el sadismo y calendarizarlo: lunes pasivoagresivo y publicaciones al aire sin nombre y apellido pero con nombre y apellido; martes para ellas; miércoles 2×1 en argumentos ad hominem y jueves para ellos. El resto de la semana silencio mortal, dejar que mi ansiedad abone a su propósito.

Confío en que quienes me odian, esos para los que me he convertido en aquellísima persona, sientan el placer de un extraño deber cumplido, convertirme en el color de sus vidas con mi grisácea existencia y dejarles así de pronto, cualquier día que vayan a odiar a otra aquellísima persona.

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