Por: Thelma Morales García

En el México antiguo, mucho antes de la llegada de los españoles, la vestimenta que se utilizaba en nuestras culturas representaba el rango y la clase social a la que pertenecían. Recordemos que muchas de las doncellas que se sacrificaban utilizaban un atuendo especial al igual que los sacerdotes que participaban en las ceremonias dedicadas en honor de sus dioses.

Pero la pregunta que nos hacemos es con qué clase de material elaboraban sus vestidos; fundamentalmente se usaban fibras vegetales, como por ejemplo el ixtle (fibra que se extrae del maguey) y el henequén. La clase alta se distinguía por utilizar el algodón silvestre, el cual era un lujo.

Pero con la conquista, los materiales fueron cambiando y enriqueciendo la vestimenta de los indígenas que aún hoy en día podemos encontrar en algunas comunidades donde los grupos originarios preservaron técnicas y materia prima, en algunos casos se hicieron adaptaciones.

Muchas comunidades en México utilizan la lana para elaborar su indumentaria, para ello realizan un proceso de preparación antes de hilarla, el cual consiste en: la trasquila, es decir, el corte del pelo al borrego, después lavan la lana en recipientes y la dejan secar, esto se realiza en una tarde pues al día siguiente que la lana ya está seca continúan el proceso con la carda, que consiste en separar y esponjar la lana para que se pueda posteriormente hilar. La carda la realizan con dos tablas de 15 cm de ancho y 20 cm de largo aproximadamente, estas tienen de un lado un mango y del otro, clavos. Con estas tablas se raspa la lana hasta que queda suave.

El hilado, consiste en transformar las fibras que ya están “listas” en artículos para la venta o el autoconsumo. Primero se empieza con el hilado, en el cual se convierten los filamentos del material en hilo que posteriormente se teje.

Ruth Lechuga (1920-2004) investigadora de los textiles en nuestro país, decía que mediante un proceso de torsión se da a la hebra la resistencia necesaria para su uso posterior. El método más rudimentario consiste en torcer las hebras con las manos, o bien con la mano apoyada sobre el muslo. Con la invención del huso (palo de madera delgado y afilado en los extremos, y un poco más grueso en el centro, al cual se le pone un disco cerca de la punta inferior (malacate) se simplificó el proceso de crear el hilo. El malacate, uno de los instrumentos de barro “más antiguos” de la humanidad hace que la rotación ejercida sobre el palo sea continua.

El hilo obtenido se enreda para formar madejas, permitiendo que la mujer proceda al siguiente paso, que es la urdimbre, es decir, el acomodo de los hilos para proseguir con el tejido. Para urdir se clavan dos palos en la tierra y la distancia entre estos dependerá de la prenda que se vaya a hacer y se pasa el hilo elaborado alternadamente dándole las vueltas necesarias hasta lograr el ancho deseado.

El tejido consiste en entrecruzar perpendicularmente los hilos para formar la tela. Para realizar el tejido se sigue conservando el uso del telar de cintura que recibe este nombre por la forma en la que es amarrado al cuerpo. Es un aparato que permite hacer telas “muy complicadas y adornadas”. En el momento de urdir, la tejedora debe haber planeado con exactitud el tamaño y diseño de su tejido, hecho que supone una programación matemática.

Existen “diferentes tipos” de tejidos que se realizan durante la elaboración de las telas, como: el tejido sencillo, brocado, tejido labrado, confite, tejido de tela doble y la gasa. No se debe olvidar que los tejidos no se terminan en el telar cuando estos son bordados a mano.

Las técnicas textiles prehispánicas, han sobrevivido hasta nuestros días. Las acciones de hilar, urdir y tejer se ejecutan de la misma forma que en la antigüedad y se emplean las mismas herramientas. Pero en ocasiones resulta “más fácil” comprar las telas ya elaboradas por artesanos y sólo cortarlas, unirlas y bordarlas.

Los tintes utilizados desde la época prehispánica son de origen natural, es decir, se obtienen de plantas, frutos, flores y otros elementos, los más conocidos en la actualidad son: grana cochinilla (rojo), añil (azul) y caracol púrpura (morado), en algunas comunidades aplican el teñido de las madejas después de hecho el hilo.

En nuestro país, los grupos originarios tienen una constante relación con la naturaleza y esta se ve plasmada dentro de los textiles, ya que en ellos se encuentra la descripción del mundo que los rodea. Es sorprendente el trabajo en la elaboración en las fajas, donde encontramos variedad de simbología, esta concepción la podemos apreciar en algunas estelas y murales la amplia simbología que se ha conservado en los vestigios arqueológicos.

Cada diseño es diferente, porque cada etnia tiene sus propias formas para elaborar textiles, todos son únicos, pues cada grupo tiene una idea diferente de la vida y de su cosmovisión del mundo.

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