Por: Francisco Javier Estrada

Hay tanta literatura para aprender y comprender lo que es el Cronista: aquel que refiere y mira su presente. Sólo el investigar y buscar en aquellos que vivieron su tiempo. Basta con leer las Cartas de relación escritas por Hernán Cortés. O mirar lo que dejó escrito nuestro muy querido Bartolomé de las Casas. Así sus Tratados I y II con prólogo de Lewis Hanke y Manuel Giménez Fernández, publicado por FCE en reimpresión del año 2018.
Lewis Hanke cita: “Los tratados reproducidos en esta obra demuestran, entre otras cosas, que Las Casas era un propagandista vigoroso y hábil. Sus primeras armas fueron memoriales a la Corona, pues tenía la impresión de que en cuanto el rey y sus consejeros supieran las crueldades que sus compatriotas estaban cometiendo entre los indios indefensos, la Corona actuaría como era debido.
Declaró con frecuencia que los problemas del Nuevo Mundo se resolverían fácilmente con sólo que el rey no estuviera entregado a guerras y sí dispuesto a prestar atención a la verdad. Pasó la vida escribiendo memoriales en que se explayaba sobre las ventajas de la colonización planeada, al modo pacífico de predicar la fe a los indios, la necesidad de abolir el sistema de concesiones de indios a españoles, la responsabilidad moral y económica de los españoles en su relación con los indios, la importancia de insistir en que los indios entendiesen de veras el cristianismo antes de bautizarlos, el valor de la cultura india y la posibilidad de que los indios aprendieses a ser civilizados, y la injusticia de prácticamente todas las acciones españolas en América. Estos memoriales iban destinados al rey y a ser considerados confidencialmente por sus consejeros gobernantes de las vastas regiones del Nuevo Mundo conquistadas por España”.
El Cronista escribe y habla de su presente. Así lo hace Fray Bartolomé de las Casas y por ello es recordado con tanto amor por quienes somos herederos de sus lecciones humanistas. La lectura de sus escritos es ejemplo de contemporaneidad y lección del que refiere y ve las cosas que vive.
Sus citas son lección dolorosa de vida, he aquí sus palabras: “De las dos islas de Sant Juan y Jamaica / pasaron a la isla de San Juan y a la de Jamaica (que eran unas huertas y unas colmenas) el año de mil quinientos y nueve los españoles, con el fin e propósito que fueron a la Española. Los cuales hicieron e cometieron los grandes insultos e pecados susodichos, y añadieron muchas señaladas y grandísimas crueldades más, matando y quemando t asando y echando a perros bravos, e después oprimiendo y atormentando y vejando en las minas y en los otros trabajos, hasta consumir y acabar todos aquellos infelices inocentes: que había en las dichosas dos islas más de seiscientas mil ánimas, y creo que más de un cuento, e no hay en cada una doscientas personas, todas parecidas sin fe e sin sacramento”.
El cronista refiere, ve y habla o escribe lo que sucede en su tiempo. Su valentía es una de sus principales cualidades, fortalezas que le hace un ser diferente en el mundo en que vive, por decir la verdad de lo que sucede. No es ideólogo al servicio del poder ni un sofista que engaña con falsos ‘conocimientos’.
Fray Bartolomé de las Casas es un ejemplo, como en su tiempo lo es para la política Nicolás Maquiavelo el escribir de las luchas por el poder político y él cómo cuidarlo para que El Príncipe no sea destruido. Fray Bartolomé retrató su tiempo, cita: “…Comenzó este tirano con trescientos hombres, que llevó consigo, a hacer crueles guerras a aquellas gentes buenas, inocentes que estaban en sus casas sin ofender a nadie, donde mató y destruyó infinitas gentes. Y porque la tierra no tiene oro, porque si lo tuviera, por sacarlo en las minas los acabara; pero por hacer oro de los cuerpos y de las ánimas de aquellos por quien Jesucristo murió, hace abarrisco, todos los que no mataba, esclavos, e a muchos navíos que venían al olor y fama de los esclavos enviaban llenos de gentes, vendidas por vino, y aceite, y vinagre, y por tocinos, e por vestidos, y por caballos e por lo que él y ellos habían menester, según su juicio y estima”. El cronista es un hombre o mujer ejemplar que escribe de lo que ve.
Los dos libros son ejemplo de sucesos que tanto duelen aún hoy. No es extraño que la cultura matlatzinca, pobladora de lo que hoy llamamos Valle de Toluca haya sido dispersa y masacrada a través de los años de dominio, primero por los aztecas y después con más saña por los españoles. Cuenta Fray Bartolomé: “Daba a escoger entre cincuenta y cien doncellas, una de mejor parecer que otra, cada uno la que escogese, por una arroba de vino, o de aceite, o vinagre, o por un tocino, e lo mesmo un muchacho bien dispuesto, entre ciento o doscientos escogido, por un tanto. U acaeció dar un muchacho, que parecía hijo de un príncipe, por un queso, e cien personas por un caballo. Pudo ver esto el fraile valiente de buen corazón. Lo relató al a su rey de España. Están estos escritos ante nosotros en pleno siglo XXI demostrando lo que hace el Cronista que es valiente aún arriesgando su vida ante los poderosos.
El dictador y sus secuaces siguieron haciendo desmanes y crueldades al por mayor, dice: “En estas obras estuvo desde el año de veinte y seis hasta el año de treinta y tres, que fueron siete años, asolando y despoblando aquellas tierras e matando sin piedad aquellas gentes, hasta que oyeron allí las nuevas de las riquezas del Perú, que se le fue la gente española que tenía y cesó por algunos días aquel infierno; pero después tornaron sus ministros a hacer otras grandes maldades, robos y cautiverios y ofensas grandes de Dios, e hoy no cesan de hacerlas e cuasi tienen despobladas todas aquellas trecientas leguas, que están (cono dijo) tan llenas y pobladas”.
De todo se acusa al Cronista cuando dice la verdad. En el prefacio, leo: “Bartolomé de las Casas en 1552: “… la edición de los Tratados doctrinales que Bartolomé de las Casa hiciera imprimir en Sevilla durante su última estancia en la ciudad natal, entre enero de 1552 y enero de 1553, como preparación para los misioneros —que, reclutados en los conventos dominicos, franciscanos y agustinos de Castilla y Andalucía, debían partir para evangelizar las Indias en la armada de 1552—, pero que al conjuro de una propaganda tendenciosa han sido considerados por muchos como un intento deliberado y malicioso de desprestigiar a su nación, movido del odio a sus compatriotas los conquistadores que anidaba en su alma, para los más perversa, y para algunos, desviada por incurable paranoia”. De eso, el poder político o económico acusa al Cronista cuando este señala con el dedo los malos hechos de quienes detentan la soberbia de sentir que todo lo pueden y todo lo merecen. No es tarea del Cronista decir lo que en el pasado es de bello para la patria en que ha nacido o ha hecho territorio de sus mayores querencias. Por eso es tan amado su recuerdo, pues no solo vino a evangelizar, sino a relatar lo que veía.
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