Por: José Carlos Zepeda García

Hubo un tiempo en el que ver futbol mexicano era muy sencillo: llegando el fin de semana bastaba con encender la televisión y aparecía nuestro equipo jugando. No había que preguntarse en qué plataforma jugaría, precios de suscripción o si el partido estaba incluido en algún paquete.
Debemos admitir que, así como el futbol mexicano ha cambiado, también lo ha hecho la forma de verlo.
Durante las décadas de los setenta, ochenta, y noventa, la televisión abierta fue prácticamente el gran escaparate de la Liga Mexicana. Televisa y, posteriormente, Tv Azteca construyeron buena parte de su relación con el público alrededor de las transmisiones deportivas, específicamente con el fútbol mexicano. Los partidos de los principales equipos llegaban directamente a los hogares, y los grandes clásicos llegaban a ser acontecimientos nacionales. En aquella época donde el aficionado solamente necesitaba prender la televisión y una antena.
Sin embargo, en algún punto llegó un primer gran cambio en este consorcio: La televisión de paga.
A finales de los noventa, y sobre todo, durante los primeros años del nuevo siglo, los sistemas de cable comenzaron a adquirir derechos de transmisión. Aparecieron nuevas señales deportivas y los clubes descubrieron que sus partidos tenían un valor comercial mucho mayor. El futbol dejó de ser únicamente un contenido para atraer audiencia, se convirtió en un producto que podía venderse por separado.
Con el paso del tiempo, llegó otro cambio todavía más importante, los derechos comenzaron a fragmentarse entre los propios clubes.
Ya no todos los equipos estaban necesariamente con una televisora. Algunos mantuvieron acuerdos con Televisa, otros con TV Azteca; aparecieron ESPN, Fox Sport, entre otras, y posteriormente surgieron plataformas digitales.
Y el aficionado empezó a enfrentarse a una pregunta que antes era inimaginable: ¿Dónde juega mi equipo y dónde puedo verlo?
Y entonces, llegó la tercera gran revolución en transmisiones: El streaming. Donde aparecieron en primera instancia algunas páginas de internet y las transmisiones digitales, después llegaron las grandes plataformas internacionales.
Hoy, por ejemplo, Chivas transmite sus partidos como local a través de Amazon Prime Video, mientras que otros equipos como Pumas distribuyen sus derechos entre servicios como Vix, Disney Plus, Fox One o las señales tradicionales.
El cambio que se presentó es enorme. Antes el futbol estaba concentrado en unas cuantas pantallas, ahora está repatriado entre muchas, y esto también transformó la manera de seguir a otros equipos, otras ligas y otros torneos, en donde también participa la Selección Mexicana.
Durante décadas, ver al seleccionado tricolor era prácticamente sinónimos de televisión abierta, y los partidos importantes podrían reunir a millones de mexicanos frente al mismo televisor, pero ese modelo también comenzó a cambiar. Ahora, además de Televisa y Tv Azteca, plataformas como Amazon Prime Video y Claro Sports participarán en la transmisión de partidos de México.
Esto significa que estamos entrando en una nueva etapa, y el futbol mexicano ya no tendrá una sola casa, y desde el punto de vista empresarial hay una explicación lógica. Los clubes pueden obtener mejores ingresos por sus derechos, las televisoras consiguen contenidos exclusivos y las plataformas utilizan al fútbol como una herramienta para atraer suscriptores. Sin embargo hay una consecuencia que no se puede ignorar y me refiero al costo para el aficionado.
Porque una persona que quiere seguir a su equipo durante una temporada puede encontrarse con que algunos partidos están en televisión abierta, otros en televisión de paga y otros exclusivamente en plataforma digital. Y si además quiere seguir a la Selección, la cuenta puede crecer todavía más.
Este es justo el dilema del fútbol moderno. La tecnología nos permite ver partidos desde prácticamente cualquier lugar, en cualquier dispositivo y con nuevas herramientas, pero al mismo tiempo, la fragmentación puede provocar que un sector de la afición simplemente no pueda pagar todos los servicios.
Y eso también debe importar, porque los derechos de televisión son un negocio, de acuerdo. Los clubes necesitan ingresos y las plataformas necesitan contenidos, pero el fútbol mexicano no existiría sin su afición. Por eso, quizá el gran desafío para la Liga MX sea encontrar un equilibrio entre negocio, tecnología y accesibilidad.
Hemos pasado de una etapa en la que todo el fútbol cabía en una televisión, a otra en la que puede estar repartido en cinco o seis plataformas ¿Estamos haciendo más accesible el fútbol gracias a la tecnología, o estamos poniendo más puertas entre el aficionado y su equipo?
Una cosa es segura, el balón seguirá rodando, y será muy sensato analizar cuánto tendrá que seguir pagando el aficionado para poder disfrutarlo.
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